¿Cómo (y para qué) cuidar la selva desde casa?

29/05/2024

¿Cómo (y para qué) cuidar la selva desde casa?

Cristina Romero, divulgadora científica que acompañó la investigación de La Selva, nos cuenta cómo podemos cuidar las selvas desde la casa.

Imagínate que estás en una selva: ¿qué hay a tu alrededor?, ¿cómo es la temperatura?, ¿qué sonidos puedes escuchar?, ¿qué formas de vida te acompañan? Las selvas son el gran referente de la naturaleza en el trópico. En ellas vive 1 de cada 10 especies en la Tierra. Sin embargo, el ritmo de vida de la sociedad predominante las tiene en jaque. Quizás pienses, ¿qué tengo que ver yo ahí si yo vivo en la ciudad y no en la selva? Spoiler alert: Nuestro bienestar depende del bienestar de ellas.

Volvamos al ejercicio de imaginación. Apostamos a que pensaste en un lugar caluroso y húmedo, con una vegetación rica y alta, donde se escuchan cantos de aves por todas partes, se sienten micos brincando y hay muchos bichos… (¡Me encantaría saber qué pensaste!). Pues bien, aunque la palabra “selva” es de uso popular y no tiene una definición exacta desde el punto de vista científico, algunos la entendemos como el bosque húmedo tropical. En Colombia hay dos regiones que son muy representativas de este ecosistema: la Amazonía y el Chocó biogeográfico.

Tres procesos increíbles (y frágiles) que ocurren en las selvas:

Tal vez hayas estado dentro de una selva colombiana, o hayas conocido su majestuosidad en documentales, fotos o por los relatos de otras personas. Es fascinante ver la naturaleza palpitar con tanta fuerza en un mismo lugar. Todo lo que pasa dentro de las selvas está conectado con lo que ocurre por fuera de ellas y viceversa. Aquí te contamos tres evidencias:

  1. La sofisticada tecnología de las plantas convierte el CO2 –un gas que contribuye a la crisis climática– en oxígeno que podemos respirar, al tiempo que captura el carbono como materia prima para crecer. Esto quiere decir que las plantas son bodegas donde se guardan los insumos que podrían aumentar el calentamiento global, y a cambio nos dan oxígeno, ¿No son increíbles?
  2. Como si limpiar el aire y regalarnos oxígeno fuera poco, las selvas también transpiran vapor de agua que sube a la atmósfera y crea ríos voladores que refrescan buena parte de Suramérica. Alrededor del 30% de la lluvia que cae en Colombia es humedad que produce la selva amazónica.
  3. Los suelos de las selvas son pobres porque las frecuentes lluvias “lavan” sus nutrientes. Así que la abundancia de la vida en estos lugares se debe a que todo lo que muere y se descompone nutre lo que aún vive. Si lo vivo desaparece, como pasa con la deforestación, es muy difícil regenerar el bosque partiendo de una base estéril. Su exuberancia es frágil.

Los principales motores de desaparición de las selvas en Colombia son la ganadería extensiva, la minería, la expansión de la frontera agrícola, entre otras. Cada decisión de consumo jala, con mayor o menor intensidad, el delgado hilo que nos conecta con todo lo demás en el planeta. La comodidad de las ciudades muchas veces nos hace olvidarlo, pero la crisis que enfrentamos nos lo recuerda. No se trata de satanizar la manera en la que vivimos; más bien se trata de mirarla con nuevos ojos, unos que reconocen que no sobrevive el más fuerte, sino que la única manera de prosperar es si lo hacemos en conjunto.

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